Todos tenemos que marchar en abril contra Botnia
La lucha de Gualeguaychú no es una pelea coyuntural, es contra un modelo perverso de sociedad, y la clave de su permanencia en el tiempo y del crecimiento ideológico del conjunto social está en su mecanismo: de bases, asambleario y democrático.
Cotidianamente vemos que el ambiente a nuestro alrededor se degrada y contamina.Y también vemos que nuestros gobernantes, después de la fatua retórica que los conduce al poder, donde se llenan la boca prometiendo que defenderán la naturaleza y la vida, finalmente se asocian con los intereses del saqueo.
Todos los días nos quitan una porción irrecuperable de naturaleza, todos los días aumentan la destrucción, todos los días preparan arteramente el camino para profundizar la entrega.
Todos los días se concentra más la riqueza por este modelo de sociedad que nos lleva al abismo.
Pero hay esperanza: es la conciencia de la gente.
La lucha de Gualeguaychú lo demuestra, la gente común cuando se reúne a debatir y luchar, además de sabia es insobornable.
Nos han asfixiado con mentiras, nos han querido distraer de todas las formas imaginables, nos han querido comprar, nos han agredido y difamado, pero ahí seguimos, y en el camino recorrido, la conciencia social de la gente crece y visualiza el enemigo.
No se trata de empresarios inescrupulosos, ni de empresas malignas.
Se trata de un modelo de sociedad perverso, que privilegia el consumismo insensato donde el paradigma que lo organiza es La Ganancia.
El norte rico en su desenfreno de consumo, ha comenzado a comer sus propias entrañas, y la única salida que encuentra es avanzar sobre los países pobres robándoles sus recursos como sea y a costa de lo que sea.
A algunas regiones no tienen mas remedio que ir con las armas, aquí se les hace el campo orégano por la corrupción cómplice de nuestra clase política.
La única garantía para enfrentar a todos estos mercaderes de la muerte esta en la gente, en la persistencia en sus objetivos, que desnuda una y otra vez la miseria de los impostores.
Entre Ríos es un caso más entre tantos en el país.
Continuaron y continuarán los desmontes para plantar soja, aniquilando los últimos rincones de monte nativo que nos quedan.
Se siguen utilizando más de dos millones de litros de sustancias probadamente tóxicas, por año, en nuestra agricultura que envenenan los suelos, y el agua, con fumigaciones que impactan en forma directa e indirecta sobre los seres humanos.
Los vertidos de las actividades industriales en la provincia están fuera de control, ni siquiera se cumple lo que establece la vieja Ley 6260.
Y ahora el panorama se agrava dramáticamente con la amenaza de contaminación que se yergue sobre el Acuífero Guaraní.
Aparentemente, debajo de él existe petróleo, entonces los mercaderes que transan con la naturaleza como si fuera un bien de intercambio más, diseñan la estrategia para apropiárselo.
Primero intentaron sorprendernos en nuestra buena fe anunciando que firmarían en nuestro nombre un convenio con YPF.
Negociaron directamente la exploración petrolera con una compañía privada, con un vasto prontuario y antecedentes de provocar graves impactos ambientales. Sin licitación ni concurso.
Y decimos en nuestro nombre, porque los recursos del subsuelo, nos pertenecen a todos.
Pero no nos consultaron.
Y ahora, preparan el terreno anticipadamente para el zarpaso definitivo.
El Ejecutivo, mandó al secretario de Energía a la Cámara de Senadores para defender el proyecto que presentará, donde se reserva la exclusividad de las concesiones petroleras, sin intervención de la sociedad ni la legislatura.
¿Seremos muy suspicaces si asociamos esta premura a los fabulosos negocios que están ocultos dentro de esta historia? A esta altura no lo creemos.
Los millones y millones sepultados en nuestro subsuelo, propiedad de todos los entrerrianos, serían negociados privadamente, sin intervención de los ciudadanos ni los legisladores. Como si fueran parte del patrimonio personal del Gobernador, sus Ministros y Secretarios.
Ellos decidirían quienes se quedarían con las fabulosas ganancias del negocio.
Nos asombra el optimismo desbordante de Urribarri por legitimar la iniciativa, nos habla de las "importantes regalías" que recibiremos, pretende tranquilizarnos diciéndonos que el Acuífero estará perfectamente resguardado por la "responsabilidad empresaria" de Repsol-YPF.
El modelo de apropiación de nuestros recursos avanza día a día, pero para hacerlo necesariamente necesita de la complicidad de nuestras autoridades.
Los Gioja en san Juan, los Brizuela del Moral en Catamarca, apellidos que asociamos inmediatamente con el saqueo y la destrucción de nuestros recursos.
¿Urribarri y sus colaboradores integrarán este nefasto cuadro de honor?
En lo que respecta a los entrerrianos los estaremos vigilando, denunciando y movilizándonos para impedir el desastre.
